La Poesía

Lectora, lector, te doy la bienvenida a mi casa. Espero que sea también la tuya y te encuentres a gusto en ella. Trataré de transmitir aquí lo que para mi supone la poesía en mi proceso de recuperación.

Fui víctima de abusos sexuales y emocionales desde muy pequeña. Los primeros abusos comenzaron a mis 3 o 4 años y se sucedieron en diversas etapas y por distintos hombres de mi familia.

Mi edad actual es de 55 años, vivo en España, en Málaga, y hasta mis 47 no tuve conciencia de que mis muchos problemas de autoestima, depresiones, etc. eran debidos a los abusos sexuales. Entonces, empecé a tener de golpe algunos recuerdos que implicaban, además, a personas muy cercanas como agresores, algo que yo había bloqueado con una amnesia total de muchos periodos de mi vida.

Esta época de toma de conciencia, de revelaciones, de imágenes perturbadoras, me llevó a un intento de suicidio. Desde entonces, trato de rehabilitarme por todos los medios posibles.

Mi relación con la literatura ha sido de una presencia constante desde que recuerdo, aunque con muchas dificultades a la hora de situarme como escritora, o simplemente de poder volcar en la escritura mis pensamientos, mis desequilibrios, mi soledad. Cada cierto tiempo he tirado lo que he escrito porque no quería dejar rastro de mi, tan mal concepto he tenido de mi misma. Me parecía que iba a contaminar con mis palabras a mis seres queridos, a los lectores, en fin, y entonces mejor que fueran al basurero mis escritos.

Desde hace unos meses, sin embargo, me estoy concediendo el derecho a sentir lo que siento, y a expresarlo. Con mis altibajos y dificultades, pero ahí voy. Y este blog es un peldaño más en esta secuencia. Estoy contenta de iniciarlo, y espero que resulte bien.

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Fútbol y Fishdom

Abrí los ojos
y la mañana me sonreía,
primavera y domingo,
templanza y calma,
día perfecto
ante mi.
Eso, la mañana.
Abrí los ojos
y los primeros pensamientos
dolían.
Mi discapacidad social
afectiva,
mi desmemoria,
qué me ocurrió
cuando entraba en su cuarto
con tres años
y él baboseaba
de boca y manos.
Qué ocurrió
cuando solo
escucho en los silencios
su rabia
sus insultos
cuando era tan pequeña
indefensa.
Qué ocurrió.
La mañana radiante,
mi discapacidad
para amar
llora.
Aguanto el llanto
un poco
y los cerebros
la vista
se me tuercen
y el café me alivia
un poco.
En el móvil
la Champions del sábado,
mientras
juego a Fishdom.
Penetra la vitalidad
del juego
de cosas normales,
del Liverpool,
de la voz grave
y serena de Llorente,
y gano partidas.
La mañana
de sol de vida
de tibieza
sigue ante mi.
En el medio
asoman latidos
por momentos,
avisan lágrimas,
aún estamos aquí,
lo sé.
Pero quiero moverme
y existir
y ser normal.
Ahora me he levantado
algo
un poco.
Voy a la ducha.

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Explosión

Cómo se explica lo que me rompió la voz
Cómo se cuenta lo que me dejó lisiada
y sin piel
Fue una bomba creo sin ruido
cayó sobre el tierno centro
y en su explosión barrió hacia fuera
muchos rostros
rostros que cargaban piedras
rostros sin labios
en realidad sin cara
sin color
payasos silenciosos.
Fue la explosión
de las mil niñas.
Padre, así fue.

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Propósito

Mi propósito es hablar
de lo que hicieron.
No de mis fallas,
de las de ellos.
Es mi intención y
apenas cumplo.
A veces
planeo sobre sus agresiones
narrando en superficie,
es un mal intento.
No consigo explicar
aquello.
Supongo que no es fácil,
pero no me comprendo.
El oficio de poeta,
o la afición,
debe rendirse a lo que es,
maquillar no es el camino.
Pero es un hecho.
Debe ser difícil
acercarse al fuego.
Compréndete.

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AUDIO:

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Los setenta

Siempre cantaba el canario
mientras me violaba.
Lo sé. Estoy obsesionada con aquello.
En las casas siempre había un canario.
En los setenta.
Las vecinas en el ojo patio
cantaban
mientras me violaba.
Luego todo era normal.
El colegio, los deberes,
las procesiones,
el pueblo.
Sonreía y
me portaba siempre bien.

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Mamá

Mamá, ¿es mala la violencia?
Por favor, dime.
¿Es mala la violencia?
Mamá, no entiendo.
Me gusta el aroma de los libros.
Cuando llega él,
mamá, ¿qué debo sentir?
Amo la paz junto al río,
el sonido fresco de las tardes
de verano, la música del agua,
entonces,
mamá, ¿qué ocurre cuando llega?
¿Es cierto que puede hacerlo?
No sé por qué esta tristeza,
porque yo no quería,
pero mamá,
¿es verdad que yo quería?
Mamá,
ahora que estás en el viento,
¿puedes alcanzarme una respuesta?

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Culpa

Érase una vez Tim Robbins.
Un actorazo.
Un tipo alto, fuerte e interesante.
Balbuceaba.
Érase una vez una peli
en la que siempre dudaba.
Era un sufrimiento verlo.
Al final murió
porque no creía en él,
pensaba muy mal de sí,
dudaba de él todo el tiempo.
Pero no era una duda intelectual.
Se trataba de algo más.
Es como si sintiera que algo en él
estaba mal.
Sin embargo, él no mató a la chica.
Pero sus dudas eran muy sospechosas,
y el padre lo ejecutó.
Estaba seguro de que su amigo de infancia,
el personaje de Tim Robbins,
había matado a su amadísima hija.
Tim Robbins bordó el papel.
¡Qué tristeza!
¡Qué injusticia!
No era dueño de sí, Tim,
no podía estimarse,
ver lo bueno de él,
comunicarse con otras personas,
su mirada siempre vagaba,
perdida.
Siendo niña le pasó algo muy duro.
No podía estimarse,
ver lo bueno de mi.
Siempre ocurre así,
somos hermanos en esto.

Secuelas

Siempre mirar
mirar
mirar
con un temor universal
indiscriminado
la culpa también.
Por todo.
Como pariente de monstruos
lejanos,
culpable,
como causante de cánceres,
muy culpable,
como enferma,
como ausente,
culpable.
Secuela la huida
la fobia a mostrarme,
sobre todo a mi.
Secuelas
de una guerra invisible.
Sin gorra militar
sin arma,
soy veterana
de esta guerra
que muchas la sufren
también invisible.
Amputada,
triste,
incurable,
aislada.
Sin guerra,
sin ejército,
veterana.